La entrada del día de hoy es bastante melancólica...me disculpo por adelantado.
¿Cómo saber qué conservar en tu vida y qué desechar? ¿Cómo distinguir entre lo que forma parte de ti y lo que nunca fue? Sobretodo, ¿cómo distinguir lo que te hace feliz de lo que te hace daño? Hoy me sorprendí de lo mucho que pueden llegar a parecerse estas dos cosas.
Confieso que, actualmente, tengo una vida amorosa un tanto dramática. Como lo he hecho evidente en entradas previas, el verano de este año que termina, me enamoré de un chico de Argentina. De hecho, no estoy muy segura de que pueda hablar de esto en tiempo pasado, pues ya van seis meses que dejé este peculiar país sudamericano y sigo teniendo un contacto muy habitual con el susodicho, sin mantener una relación de noviazgo, aclaro. Hablando con toda honestidad, es una relación que de momento, no tiene futuro. Creo que ha quedado claro que ni él ni yo, por el momento, vamos a movernos de donde estamos. Ni siquiera sabemos si nos volveremos a ver en persona algún día. Defiendo mucho la continuación de este contacto, por el hecho de que platicar con él, es algo que me hace feliz. Y hasta donde yo sé, es algo que a él también hace feliz. El día de hoy, cuestioné esto. Habíamos quedado para platicar a mis 7 de la noche, que vienen siendo sus 10 de la noche. En un punto de la tarde yo me encontraba conectada y me llegó un mensaje suyo. Me sorprendió recibirlo con tanta anticipación de nuestra cita y se lo hice saber. Él me respondió que me estaba buscando para adelantar, pues había hecho planes con sus amigos una hora después de lo que habíamos acordado, lo cual no nos dejaba con mucho tiempo para charlar. Y, ¿sabes qué? Me molestó. Me hizo recordar las muchas veces que me enfadé cuando el imbécil de mi ex novio me quedaba mal. Sí, yo sé que es ridículo, pero no es la primera vez que sucede. Ya he contado que unas semanas atrás, descubrí (utilizando un método no muy ortodoxo) que el susodicho ha estado viendo a otras mujeres...o por lo menos poniendo mucho esfuerzo para lograrlo. Repito que no tenemos una relación de noviazgo, por lo que ambos somos libres de salir con quien queramos. Y vamos, no es como que yo no he pensado en otros o salido con otros desde entonces. Por otro lado, ese mismo método me permitió constar lo mucho que me quiere/quiso y lo especial que es lo nuestro para él. Sin embargo, lo que sentí al darme cuenta, fue casi como descubrir que mi pareja me había estado engañando. Recuerdo que todo mi cuerpo se aceleró, mi corazón latía a mil por hora. Y siendo honesta, la continuidad de nuestra relación sí me ha frenado un poco para salir con otros (aunque tampoco he conocido a alguien que valga mucho la pena...el 2011 me volvió bastante intolerante a los idiotas). Es RIDÍCULO, lo sé.
Me he dado cuenta que la confianza y el trato que tengo con él, es muy parecido a lo que se tiene con una pareja. Hemos llegado a platicar a través de la pantalla de nuestras computadoras, mientras yo me estoy maquillando y arreglando el cabello, porque prefiero hacerlo pasar por mis rituales de belleza, a no platicar con él. Es absurdo que las cosas hayan llegado a este punto, porque hoy me di cuenta que toda esa confianza y todo ese "trato especial" que hay entre nosotros, es irreal, no existe. No tengo razón o motivo alguno para convencerlo de que se quede, por más que lo hubiera querido esta tarde. Y no tengo derecho a decirle que no siga con su vida, que no salga con otras mujeres, que no piense en otras mujeres al mismo tiempo que a mí me dice que me quiere y que me extraña. Simplemente, no puedo hacerlo porque no me corresponde. Y darse cuenta de eso duele...y duele mucho. Es el segundo golpe bajo que me ha dado esta relación...o lo que sea que sea su nombre. Y lo que lo hace más confuso, es que es el chico más confiable que he conocido. Es una persona que, con los miles de kilómetros de distancia que nos separan, me ha cuidado, me ha acompañado, me ha escuchado, se ha preocupado por mí y ha estado ahí para mí. Como un tipo de ángel guardián de carne y hueso. Es una persona que me conoce tan bien y a la que yo conozco tan bien, que da miedo.
Es una relación muy especial y ciertamente lo que tenemos es algo muy hermoso y sobretodo muy raro...pero no sé si esté empezando a llegar al punto en el que se vuelve algo no saludable. El dolor tardó en llegar, pero finalmente, lo hizo y está haciendo de las suyas. Últimamente, siento que él está, pero a la vez no está. Y lo mismo de mi parte. Siento que sentimos mucho el uno por el otro, que ciertamente quisiéramos que las cosas fueran diferentes y que pudiéramos estar juntos de una manera más convencional y que seríamos muy felices juntos...pero quizá no sea suficiente para dar ese paso y hacer lo que se tenga que hacer para que las cosas funcionen. Vaya, hasta la fecha no había tenido el valor de decirlo. Quizá simplemente haya demasiado que arriesgar: miedo, desconfianza, gastos monetarios y emocionales, inestabilidad, cambios radicales de planes y prioridades, incomodidad, costumbres, hábitos, etc. Quizá ambos estemos más preocupados por preservarnos a nosotros mismos y nuestros planes de vida, que a tomar un riesgo tan grande que a veces hasta absurdo parece. Por más bella que sea esta relación, está incompleta. Y honestamente, siento que muchos aspectos de mi vida (en cuanto a relaciones personales) han sido así. Nunca me ha gustado sentirme atada, sumergirme completamente o depender 100% de un grupo, de una persona o de una idea. Necesito sentir que tengo la libertad de escoger, de poder decir no, de seguir siendo yo, de moverme libremente, de poder seguir con mis planes sin dejar que se crucen con los de los demás, DE VER UNA SALIDA. Hasta ahora, he sentido que esta actitud me ha hecho feliz y me ha traído cosas muy buenas, pero quizá todo este tema esté exponiendo una falla muy grande en mi forma de relacionarme con otros. Quizá sea tiempo de que deje de pintar tantas fronteras e involucrarme de lleno en algo por una vez en mi vida...el problema es que no sé cómo.
Por otro lado, yo sé que en este momento no puedo cortar contacto con él, porque me arrepentiría al día siguiente. Sin embargo, hoy empiezo a cuestionar qué vale más la pena: mi posición (un tanto egoísta) de querer evitar el dolor y el drama, o todas las cosas maravillosas que hemos vivido juntos y podríamos seguir viviendo, tal vez en proximidad física, algún día. Pero hasta hoy, esto sigue siendo una posibilidad muy remota y se me acaban lentamente las razones para conservar la esperanza. Y hablando por experiencia (sin la intención de sonar demasiado pesimista), la duda normalmente es un signo de que se avecina algo mucho peor.
Hemos quedado para platicar nuevamente el jueves por la tarde. Casi deseo tener una excusa para cancelar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario