lunes, 12 de diciembre de 2011

Socializando con la ONU.

Ser estudiante de intercambio te enseña muchas cosas. Creo que entre las más valiosas, es aprender a lidiar con personas de todo tipo, en el sentido más literal posible, pues te vas a enfrentar con gente de las nacionalidades más diversas. En mi experiencia, han sido: por supuesto franceses, alemanes (he vivido con dos de ellas por casi cuatro meses), rusos, holandeses, belgas, italianos, griegos, ingleses, finlandeses, daneses, españoles, brasileños, argentinos, japoneses...y muchos más. 
Voy a poco más de la mitad de mis estudios en relaciones internacionales (soy semi licenciada, yaaay) y he aprendido que mi disciplina intenta comprender el funcionamiento de la sociedad internacional. Estando de intercambio, intento comprender algo muy parecido. Ayer por la mañana, en una de esas sesiones filosóficas en la regadera, se me ocurrió que el ambiente en el que me muevo ahora funciona de manera muy similar a lo que estudié en mi clase de teorías. Primero, te das cuenta que mucho de lo que dicen los estereotipos nacionales, es cierto (vamos, por algo existen): los alemanes son serios, rígidos y perfeccionistas; a los españoles nunca se les acaba la fiesta; los franceses son muy agresivos sexualmente; los brasileños son las personas más alegres que puede haber; los italianos son sumamente expresivos (sí, mueven las manos tal como sus caricaturas lo muestran); los japoneses son unos adictos a la tecnología (mis compañeros de clase japoneses cargan un pequeño aparato traductor a donde quiera que van)...en fin, el punto se entiende. Al igual que en la sociedad internacional a nivel macro, se dan las alianzas, las coaliciones, la atracción, las tensiones, las peleas, la negociación, los cortes y las reanudaciones de relaciones diplomáticas. Es un ambiente en el que todo cambia de un día para otro. En el caso muy particular de dos chicas con las que vivo, y una tercera con la que también he pasado mucho tiempo (las tres son alemanas), existe como una especie de división no declarada. Por un lado, está una chica (vamos a llamarle "la rubia") junto con una de las chicas con las que vivo (llamémosla "la alta"). Del otro lado completamente, está la segunda chica con la que comparto casa (para efectos prácticos, "la otra") y en medio, estoy yo. Rubia y Otra se han peleado numerosas veces. Cada que esto sucede, se observa el mismo patrón. No se dirigen la palabra y Otra se dirige conmigo para quejarse. Me dice todo tipo de cosas sobre Rubia, que qué mala amiga es, que le ha perdido el respeto completamente, que qué vergüenza que se esté comportando de esa manera...blablabla (honestamente, yo sólo hago como que la escucho). Después de un intervalo que puede durar entre 24 y 48 horas, Rubia y Otra se encierran en algún lugar (el único baño de mujeres de un salón de té en Brujas, ¿porqué no?), discuten y después, se aman y se adoran de nuevo y se escriben corazones mutuamente en sus páginas de Facebook. Alta no figura mucho en estos escenarios, ya que es algo así como la vasalla de Rubia. Va a donde quiera que vaya Rubia y toma su lado incondicionalmente. La verdad que Alta es una persona bastante insípida, encuentro que tiene muy poca identidad propia...una pena. A las otras dos las quiero matar de repente también, pero por lo menos algo tienen para distinguirse. Me llama mucho la atención que en estas puestas en escena de la Tercera, Cuarta, Quinta, etc. Guerras Mundiales, yo soy como un tipo de Suiza. No me gusta el drama y lo evito en la medida de lo posible. 
Entre paréntesis, conviviendo con tantos europeos, no puedes evitar darte cuenta de la pluralidad tan marcada de este pequeño continente. Un amigo alguna vez me dijo, "Europa es tan pequeña, que a la vuelta de la esquina se habla otro idioma." Y es que los mismos europeos son tan diversos como sus idiomas. Es impresionante observar como países que están tan cerca el uno del otro, puedan tener tan poco en común. En este continente, por más cerca que viajes, es imposible que no te sientas lejos del lugar de donde partiste. Cada día me confunde más la idea de crear "una sola Europa"...fuera del ámbito comercial, me parece una tarea humanamente imposible. 
Volviendo al tema...este es un ambiente en el que se toman decisiones de manera muy visceral; hay mucho impulso, enojo, coraje y pasión en la manera de actuar de la mayoría de la gente. Es algo que no me cabe en la cabeza, sobretodo de la parte de las personas que no es la primera vez que viven fuera de sus casas. Sobretodo porque, en los ambientes de estudiantes de intercambio en los que he estado, se repiten los mismos patrones. Hay un descontrol y un desenfreno increíbles, todo se vive a los extremos. Espero para el final del año poder descifrar QUÉ es ese "algo" en los ambientes de estudiantes de intercambio, que hace que la gente se comporte de esta manera. 
Otra de las muchas cosas que no me dejan de sorprender de esta experiencia...

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