miércoles, 28 de diciembre de 2011

Incompleto, Irreal.

La entrada del día de hoy es bastante melancólica...me disculpo por adelantado.


¿Cómo saber qué conservar en tu vida y qué desechar? ¿Cómo distinguir entre lo que forma parte de ti y lo que nunca fue? Sobretodo, ¿cómo distinguir lo que te hace feliz de lo que te hace daño? Hoy me sorprendí de lo mucho que pueden llegar a parecerse estas dos cosas. 


Confieso que, actualmente, tengo una vida amorosa un tanto dramática. Como lo he hecho evidente en entradas previas, el verano de este año que termina, me enamoré de un chico de Argentina. De hecho, no estoy muy segura de que pueda hablar de esto en tiempo pasado, pues ya van seis meses que dejé este peculiar país sudamericano y sigo teniendo un contacto muy habitual con el susodicho, sin mantener una relación de noviazgo, aclaro. Hablando con toda honestidad, es una relación que de momento, no tiene futuro. Creo que ha quedado claro que ni él ni yo, por el momento, vamos a movernos de donde estamos. Ni siquiera sabemos si nos volveremos a ver en persona algún día. Defiendo mucho la continuación de este contacto, por el hecho de que platicar con él, es algo que me hace feliz. Y hasta donde yo sé, es algo que a él también hace feliz. El día de hoy, cuestioné esto. Habíamos quedado para platicar a mis 7 de la noche, que vienen siendo sus 10 de la noche. En un punto de la tarde yo me encontraba conectada y me llegó un mensaje suyo. Me sorprendió recibirlo con tanta anticipación de nuestra cita y se lo hice saber. Él me respondió que me estaba buscando para adelantar, pues había hecho planes con sus amigos una hora después de lo que habíamos acordado, lo cual no nos dejaba con mucho tiempo para charlar. Y, ¿sabes qué? Me molestó. Me hizo recordar las muchas veces que me enfadé cuando el imbécil de mi ex novio me quedaba mal. Sí, yo sé que es ridículo, pero no es la primera vez que sucede. Ya he contado que unas semanas atrás, descubrí (utilizando un método no muy ortodoxo) que el susodicho ha estado viendo a otras mujeres...o por lo menos poniendo mucho esfuerzo para lograrlo. Repito que no tenemos una relación de noviazgo, por lo que ambos somos libres de salir con quien queramos. Y vamos, no es como que yo no he pensado en otros o salido con otros desde entonces. Por otro lado, ese mismo método me permitió constar lo mucho que me quiere/quiso y lo especial que es lo nuestro para él. Sin embargo, lo que sentí al darme cuenta, fue casi como descubrir que mi pareja me había estado engañando. Recuerdo que todo mi cuerpo se aceleró, mi corazón latía a mil por hora. Y siendo honesta, la continuidad de nuestra relación sí me ha frenado un poco para salir con otros (aunque tampoco he conocido a alguien que valga mucho la pena...el 2011 me volvió bastante intolerante a los idiotas). Es RIDÍCULO, lo sé. 


Me he dado cuenta que la confianza y el trato que tengo con él, es muy parecido a lo que se tiene con una pareja. Hemos llegado a platicar a través de la pantalla de nuestras computadoras, mientras yo me estoy maquillando y arreglando el cabello, porque prefiero hacerlo pasar por mis rituales de belleza, a no platicar con él. Es absurdo que las cosas hayan llegado a este punto, porque hoy me di cuenta que toda esa confianza y todo ese "trato especial" que hay entre nosotros, es irreal, no existe. No tengo razón o motivo alguno para convencerlo de que se quede, por más que lo hubiera querido esta tarde. Y no tengo derecho a decirle que no siga con su vida, que no salga con otras mujeres, que no piense en otras mujeres al mismo tiempo que a mí me dice que me quiere y que me extraña. Simplemente, no puedo hacerlo porque no me corresponde. Y darse cuenta de eso duele...y duele mucho. Es el segundo golpe bajo que me ha dado esta relación...o lo que sea que sea su nombre. Y lo que lo hace más confuso, es que es el chico más confiable que he conocido. Es una persona que, con los miles de kilómetros de distancia que nos separan, me ha cuidado, me ha acompañado, me ha escuchado, se ha preocupado por mí y ha estado ahí para mí. Como un tipo de ángel guardián de carne y hueso. Es una persona que me conoce tan bien y a la que yo conozco tan bien, que da miedo. 


Es una relación muy especial y ciertamente lo que tenemos es algo muy hermoso y sobretodo muy raro...pero no sé si esté empezando a llegar al punto en el que se vuelve algo no saludable. El dolor tardó en llegar, pero finalmente, lo hizo y está haciendo de las suyas. Últimamente, siento que él está, pero a la vez no está. Y lo mismo de mi parte. Siento que sentimos mucho el uno por el otro, que ciertamente quisiéramos que las cosas fueran diferentes y que pudiéramos estar juntos de una manera más convencional y que seríamos muy felices juntos...pero quizá no sea suficiente para dar ese paso y hacer lo que se tenga que hacer para que las cosas funcionen. Vaya, hasta la fecha no había tenido el valor de decirlo. Quizá simplemente haya demasiado que arriesgar: miedo, desconfianza, gastos monetarios y emocionales, inestabilidad, cambios radicales de planes y prioridades, incomodidad, costumbres, hábitos, etc. Quizá ambos estemos más preocupados por preservarnos a nosotros mismos y nuestros planes de vida, que a tomar un riesgo tan grande que a veces hasta absurdo parece. Por más bella que sea esta relación, está incompleta. Y honestamente, siento que muchos aspectos de mi vida (en cuanto a relaciones personales) han sido así. Nunca me ha gustado sentirme atada, sumergirme completamente o depender 100% de un grupo, de una persona o de una idea. Necesito sentir que tengo la libertad de escoger, de poder decir no, de seguir siendo yo, de moverme libremente, de poder seguir con mis planes sin dejar que se crucen con los de los demás, DE VER UNA SALIDA. Hasta ahora, he sentido que esta actitud me ha hecho feliz y me ha traído cosas muy buenas, pero quizá todo este tema esté exponiendo una falla muy grande en mi forma de relacionarme con otros. Quizá sea tiempo de que deje de pintar tantas fronteras e involucrarme de lleno en algo por una vez en mi vida...el problema es que no sé cómo.  


Por otro lado, yo sé que en este momento no puedo cortar contacto con él, porque me arrepentiría al día siguiente. Sin embargo, hoy empiezo a cuestionar qué vale más la pena: mi posición (un tanto egoísta) de querer evitar el dolor y el drama, o todas las cosas maravillosas que hemos vivido juntos y podríamos seguir viviendo, tal vez en proximidad física, algún día.  Pero hasta hoy, esto sigue siendo una posibilidad muy remota y se me acaban lentamente las razones para conservar la esperanza. Y hablando por experiencia (sin la intención de sonar demasiado pesimista), la duda normalmente es un signo de que se avecina algo mucho peor. 


Hemos quedado para platicar nuevamente el jueves por la tarde. Casi deseo tener una excusa para cancelar. 

lunes, 12 de diciembre de 2011

Socializando con la ONU.

Ser estudiante de intercambio te enseña muchas cosas. Creo que entre las más valiosas, es aprender a lidiar con personas de todo tipo, en el sentido más literal posible, pues te vas a enfrentar con gente de las nacionalidades más diversas. En mi experiencia, han sido: por supuesto franceses, alemanes (he vivido con dos de ellas por casi cuatro meses), rusos, holandeses, belgas, italianos, griegos, ingleses, finlandeses, daneses, españoles, brasileños, argentinos, japoneses...y muchos más. 
Voy a poco más de la mitad de mis estudios en relaciones internacionales (soy semi licenciada, yaaay) y he aprendido que mi disciplina intenta comprender el funcionamiento de la sociedad internacional. Estando de intercambio, intento comprender algo muy parecido. Ayer por la mañana, en una de esas sesiones filosóficas en la regadera, se me ocurrió que el ambiente en el que me muevo ahora funciona de manera muy similar a lo que estudié en mi clase de teorías. Primero, te das cuenta que mucho de lo que dicen los estereotipos nacionales, es cierto (vamos, por algo existen): los alemanes son serios, rígidos y perfeccionistas; a los españoles nunca se les acaba la fiesta; los franceses son muy agresivos sexualmente; los brasileños son las personas más alegres que puede haber; los italianos son sumamente expresivos (sí, mueven las manos tal como sus caricaturas lo muestran); los japoneses son unos adictos a la tecnología (mis compañeros de clase japoneses cargan un pequeño aparato traductor a donde quiera que van)...en fin, el punto se entiende. Al igual que en la sociedad internacional a nivel macro, se dan las alianzas, las coaliciones, la atracción, las tensiones, las peleas, la negociación, los cortes y las reanudaciones de relaciones diplomáticas. Es un ambiente en el que todo cambia de un día para otro. En el caso muy particular de dos chicas con las que vivo, y una tercera con la que también he pasado mucho tiempo (las tres son alemanas), existe como una especie de división no declarada. Por un lado, está una chica (vamos a llamarle "la rubia") junto con una de las chicas con las que vivo (llamémosla "la alta"). Del otro lado completamente, está la segunda chica con la que comparto casa (para efectos prácticos, "la otra") y en medio, estoy yo. Rubia y Otra se han peleado numerosas veces. Cada que esto sucede, se observa el mismo patrón. No se dirigen la palabra y Otra se dirige conmigo para quejarse. Me dice todo tipo de cosas sobre Rubia, que qué mala amiga es, que le ha perdido el respeto completamente, que qué vergüenza que se esté comportando de esa manera...blablabla (honestamente, yo sólo hago como que la escucho). Después de un intervalo que puede durar entre 24 y 48 horas, Rubia y Otra se encierran en algún lugar (el único baño de mujeres de un salón de té en Brujas, ¿porqué no?), discuten y después, se aman y se adoran de nuevo y se escriben corazones mutuamente en sus páginas de Facebook. Alta no figura mucho en estos escenarios, ya que es algo así como la vasalla de Rubia. Va a donde quiera que vaya Rubia y toma su lado incondicionalmente. La verdad que Alta es una persona bastante insípida, encuentro que tiene muy poca identidad propia...una pena. A las otras dos las quiero matar de repente también, pero por lo menos algo tienen para distinguirse. Me llama mucho la atención que en estas puestas en escena de la Tercera, Cuarta, Quinta, etc. Guerras Mundiales, yo soy como un tipo de Suiza. No me gusta el drama y lo evito en la medida de lo posible. 
Entre paréntesis, conviviendo con tantos europeos, no puedes evitar darte cuenta de la pluralidad tan marcada de este pequeño continente. Un amigo alguna vez me dijo, "Europa es tan pequeña, que a la vuelta de la esquina se habla otro idioma." Y es que los mismos europeos son tan diversos como sus idiomas. Es impresionante observar como países que están tan cerca el uno del otro, puedan tener tan poco en común. En este continente, por más cerca que viajes, es imposible que no te sientas lejos del lugar de donde partiste. Cada día me confunde más la idea de crear "una sola Europa"...fuera del ámbito comercial, me parece una tarea humanamente imposible. 
Volviendo al tema...este es un ambiente en el que se toman decisiones de manera muy visceral; hay mucho impulso, enojo, coraje y pasión en la manera de actuar de la mayoría de la gente. Es algo que no me cabe en la cabeza, sobretodo de la parte de las personas que no es la primera vez que viven fuera de sus casas. Sobretodo porque, en los ambientes de estudiantes de intercambio en los que he estado, se repiten los mismos patrones. Hay un descontrol y un desenfreno increíbles, todo se vive a los extremos. Espero para el final del año poder descifrar QUÉ es ese "algo" en los ambientes de estudiantes de intercambio, que hace que la gente se comporte de esta manera. 
Otra de las muchas cosas que no me dejan de sorprender de esta experiencia...

martes, 6 de diciembre de 2011

Ay, qué pesado.

No hay que esperar milagros, porque tampoco los pedías, cuando hiciste el amor...


Es que en esta canción, Mecano habla con la puritita verdad. 


Es sorprendente cómo te cambia la vida en tan poco tiempo. Me parece que no hay cosa más injusta que las mejores cosas de la vida duren tan poco, que se tenga que esperar tanto para encontrar cosas que verdaderamente valgan la pena. Pero en fin, creo que es su misma cualidad efímera lo que las hace tan valiosas y tan especiales, cual si fueran bienes de lujo. 


Hace unos meses me encontraba en Argentina, aproximadamente 11,000 kilómetros de donde estoy ahora. Conocí a alguien que cambió mi vida y no lo digo en ese sentido cursi y cliché de algo que te duró 20 minutos y ya está. Fue mi primera relación para muchas cosas, pero lo más importante, la primera en la que de las dos partes, había un genuino respeto y cariño por todo lo que la otra persona es y quería ser. Una relación en la que ambas partes nos sentíamos con la libertad de ser 100% nosotros mismos y nunca sentimos el peso de esa cosa tan ridícula de "tener que cambiar por el otro". Nos bastaba eso para ser felices. Una relación natural, fluida, sin complicaciones, como siempre hubiera querido que fuera esto del amor. Bueno, lo de "no complicaciones", no es completamente cierto...

Disfrutamos de un mes verdaderamente maravilloso, que lamentablemente se fue demasiado rápido, dejándonos a los dos con ganas de mucho más. Mientras que terminó nuestra relación como pareja por acuerdo mutuo, decidimos continuar con la comunicación y un tipo de "amistad" (simplemente porque no se me ocurre una mejor palabra), a pesar de todos los factores en contra. La distancia, la diferencia de horarios (que estaban por aumentar considerablemente con mi mudanza a Francia) y sobretodo, la [pinche] incertidumbre de no saber cuándo [chingados] nos volveríamos a ver. Peor, si es que algún día nos volveríamos a ver. De esto, hace poco más de cinco meses y desde entonces, aquí estamos. 


Últimamente, nos da por tener conversaciones de tres horas seguidas mínimo (sí, mínimo). Y justo ayer estábamos discutiendo sobre ese "algo" que nos hace querer seguir aquí. Ambos hemos pasado por muchas etapas a lo largo de los últimos meses. Me divertía mucho burlándome de él, porque, como buen argentino, adora el drama (a pesar de que lo niegue, jiji). Pero el karma, ni tardo ni perezoso, me devolvió todas esas burlas hace apenas una semana. Finalmente pude ponerme en sus zapatos y darme cuenta de lo que cuesta y lo que duele separarse de una persona por la que sientes tanto, sobretodo cuando las circunstancias van más allá de lo que cualquiera de los dos pudiera explicar. Duele darse cuenta (por métodos no muy ortodoxos, debo de confesar) que la otra persona está siguiendo con su vida, hasta cierto punto. Lo cual es totalmente irónico, pues yo insistí mucho sobre este punto cuando nuestra separación era inminente. Sobretodo que yo siempre me sentí orgullosa de ser una persona racional, fría (qué mentira más grande fue esta), que mantiene su distancia, que se aleja del drama. Pues noticias, querida, actualmente estás sumergida en todo esto y mucho más. Cómo se dice en mi pueblo, "estás en un hoyo y cavando otro". Ay, qué pesado. Y bien que lo pude haber evitado, pude haberlo ignorado la primera vez que me invitó a salir y ahí habría quedado todo. Pero ahí voy...


Por otro lado, qué tal si no quiero haberlo evitado, qué tal si, a pesar del drama y la complicación, soy la persona más feliz por haber ido a tomar una pizza y una cerveza con él aquel día de junio? Qué tal si el drama no es tan malo como siempre he creído que es? Independientemente de lo que pase y del rumbo que tomen las vidas de ambos, de lo que estoy segura es que no voy a olvidar ese mes jamás. Tantas imágenes y palabras que están impresas en mi mente de forma indeleble y que así quiero que se queden. Y por más que esté de acuerdo con Mecano en el punto de no esperar milagros que no se pidieron, apelo a mi niña interna que creció con películas de Disney y conservo la esperanza (por más ínfima que sea), que, si en efecto resulto ser yo lo que quieres, te dejes de cosas, seas valiente y luches por mí. Que ya te lo he dicho, las cosas que de verdad valen la pena no vienen fácil y puede ser que esto que tenemos (llámalo como quieras), caiga como anillo al dedo en esa categoría. Pero eso es algo de lo que tienes que darte cuenta tú mismo, algo que yo no puedo forzar de ti. Por ahora, aquí seguiremos...




No te lo pienses demasiado, que la vida está esperando...

Practicidad.

Si pudiera resumir en una palabra lo más valioso que me está dejando mi debut viviendo sola, sería el título de esta entrada. Y me refiero a practicidad en un sentido muy amplio, desde las cosas más cotidianas, hasta las...no-tan cotidianas, por falta de una mejor palabra. No ser tan caprichosa a la hora de separar la ropa en la lavandería, ya que ir a las laveries es increíblemente caro. Sigo sin entender porque los pisos de aquí (por lo menos los que he visto), la gran mayoría, no tiene lavadora incluida. Practicidad, también, a la hora de planear un viaje. Esto se vuelve muy necesario cuando te ves sujeto a la normatividad de equipaje de las aerolíneas de bajo costo (Ryanair, te odio), independientemente de cuántos días vayas a viajar. Viajar no se vuelve una cuestión de andar de coqueta para salir [tipo,] bien en todas las fotos que vas a subir a Facebook a tu regreso, sino una cuestión de llevar lo mínimo indispensable. Y sobretodo, darte cuenta de que *susto*, SOBREVIVES :D
Considero que la lección de practicidad más importante viene a la hora de lidiar con tanta gente tan diferente, como sueles hacerlo cuando estás de intercambio. Suena horrible decirlo de esta manera, pero de verdad que es todo un aprendizaje. Practicidad que te enseña, sobretodo, a alejarte de la gente con mala vibra y actitud y a mantener cerca sólo a aquellos que te enriquecen tu experiencia. Encontrar el equilibrio entre portarte como una niña en plena pubertad y cortar la relación por completo o tomar el camino más inteligente y mantener una relación, pero distante. En sí, que estés consciente del tipo de relación que puedes tener con esa(s) persona(s) y hasta dónde llega. La verdad que, esta experiencia está pasando demasiado rápido como para dejármela amargar por aquellas personas que nunca son felices, que no la pasan bien en ningún lado y la idea de ver el "vaso medio lleno" les es inconcebible. Uno grande que agregar a la larga lista de aprendizajes que me van a dejar los siguientes meses. No por halagarme a mi misma, pero el darme cuenta de este tipo de cosas me hace sentir más inteligente y feliz :D

ooohh, y saben qué también me hace sentir feliz? El haber preparado (con un éxito inesperado) un spaghetti al pesto cremoso...cada semana me vuelvo menos inútil en la cocina, yaaaay :)