Después de tener este blog abandonado por más de dos meses, he vuelto :)
Estoy feliz de anunciar que he alargado mi lista de lugares visitados, incluyendo un nuevo continente. En el último de mis viajes, el cual fue este fin de semana pasado, pensé mucho en el año que he tenido y lo maravilloso que ha sido. Lo que más destaco de este año es el montón de cosas que hice o que viví por primera vez. Se me vinieron miles de ideas a la cabeza mientras viajaba por el Underground. De momento no recuerdo todas, pero conforme vayan regresando, iré actualizando esta lista. Encontrarán un poco de todo: sucesos emocionantes y otros, no tanto. De igual manera, cada uno es una parte (pequeña o grande), de lo que representa este año para mí. Así que, aquí va...
1) Montar un camello.
2) Colocar una serpiente al rededor de mi cuello.
3) Pisar África.
4) Pasar la noche en el desierto.
3) Tomar clases en francés.
4) Decir maldiciones en francés.
5) Decorar mi propio cuarto.
6) Comprar verduras en un mercado exterior.
7) Fumar marihuana (jeje).
8) Hacer un viaje en carretera con amigas.
9) Pasar la noche adentro de un carro, estacionado a la orilla de una avenida de Amsterdam.
10) Fumar shisha y aprender a hacerlo bien.
11) Visitar Sudamérica.
12) Pasar la noche con un chico.
13) Enamorarme.
14) Andar en bicicleta por la calle, sorteando peatones y carros.
15) Andar en bicicleta por la calle, sorteando peatones y carros bajo la lluvia.
16) Bailar forro.
17) Escuchar música brasileña, francesa y griega.
18) Probar auténtica comida africana.
19) Hacer un picnic.
20) Aprender a leer mapas.
21) Ser anfitriona de una cena.
22) Ver caer nieve y jugar con y en, ella.
23) Asistir a un meeting politico.
24) Simplemente, vivir por un tiempo prolongado fuera de mi ciudad de origen.
25) Pasar mi cumpleaños sobre un avión.
26) Tener un cumpleaños con 7 horas extras, las cuales pasé en el Distrito Federal con una gran amiga.
27) Llorar a una amiga que se fue.
28) Compartir una casa con personas desconocidas.
29) Crear un blog.
30) Ir a un carnaval.
31) Enviar una postal.
32) Usar botas para lluvia.
33) Viajar completamente sola.
34) Tener y manejar mi propia cuenta de banco.
35) Ver nieve caer en marzo.
36) Probar comida italiana hecha por auténticas italianas.
37) Aprender a cocinar (por más que sean cosas básicas, para mí, es todo un acontecimiento).
38) Compartir una cena con personas de cinco (o más) nacionalidades distintas.
39) Tener el pie lastimado por una cantidad de tiempo considerable.
40) Comer gusanos preparados con mezcal, guacamole, salsa y tortillas.
41) Tomar clases de tango.
42) Querer aprender a hablar portugués.
43) Extrañar a mi ciudad natal.
44) Tener más de tres diferentes tipos de queso en el refrigerador.
45) Llegar tarde a mi propio festejo de cumpleaños...dos veces.
La Columna que Habla
Si, de repente, te das cuenta de que puedes escuchar a las columnas hablar, no te preocupes, no estás enloqueciendo.
jueves, 5 de abril de 2012
domingo, 5 de febrero de 2012
Convencional, YO!?
Primera entrada del mes de febrero :)
Aquí, algunas definiciones de la Real Academia Española respecto a la palabra "convencional":
1. "Que resulta o se establece en virtud de precedentes o de costumbre."
2. "Dicho de una persona, de una actitud, de una idea, etc.: Poco originales y acomodaticias."
3. "Dicho de un acto, de una costumbre, de una indumentaria, etc.: Que se atiene a las normas mayoritariamente observadas."
Leído de esta manera, fácilmente podría pensarse que lo convencional es algo negativo, algo que hay que evitar. En el mundo de ahora (sobretodo cuando se estudia algo en el campo de las ciencias sociales, encuentro) existe una campaña muy fuerte contra todo lo que tenga que ver con este adjetivo. Hay una tendencia a adoptar (o simplemente, desear) un estilo de vida que se salga de todo este juego de normas, tradiciones, costumbres, expectativas, etc. Para mí, la palabra "convencional" va atada a mucho de lo que nos han enseñado nuestros padres sobre cómo deberíamos de vivir nuestras vidas o por lo menos, cómo les gustaría a ellos que lo hiciéramos. Quisieran que adoptáramos una vida en secuencia: nacer, aprender a caminar y a hablar, ir a la escuela primaria, ir a la escuela secundaria, la escuela preparatoria, la universidad, graduarse, buscar un buen trabajo, casarse, tener hijos y hacer que estos últimos repitan el ciclo. Encuentro que el vivir la vida de esta manera es demasiada presión para algunas personas. La realidad es que no funciona así para la gran mayoría. Las cosas suceden y no siempre siguen este orden. Crecemos con la idea que salirse de este orden es algo "malo" o simplemente, poco deseable. Pero, ¿qué tal si uno o varios de los elementos de esta secuencia no hacen feliz a una persona? ¿No es eso motivo suficiente para saltárselos? ¿O qué tal si, por alguna razón, uno o varios de estos elementos llegan a tu vida antes o después de lo escrito en las costumbres? ¿Automáticamente (y en todos los casos) la circunstancia pasa a ser negativa?
Vivir en Francia me ha encontrado con gente de los cuatro rincones del mundo, todos con situaciones familiares y personales muy particulares. Curiosamente, las familias de muchas de estas personas han vivido una decepción muy fuerte con este modelo convencional y mis nuevos amigos han crecido con este sentimiento. Razón por la cual muchos de ellos lo miran con desprecio y se enfocan a no seguir el mismo camino. En más de una ocasión he escuchado chicas decir que no quieren casarse o formar una familia por distintas razones: por no querer ponerse gordas, por temor a la labor de parto, por no poder dedicarse a sus trabajos y la más drástica de todas, por no querer vivir 20 años ("por lo menos", dicen ellas) de resentimiento y emocionas reprimidas, como aparentemente lo han vivido en sus propias casas. Y no es necesario venir de un entorno familiar complicado para buscar salirse de lo convencional: otra de mis amigas, a pesar de que el matrimonio de sus padres es feliz y estable, dice que se considera demasiado solitaria como para considerar casarse, por lo menos en este momento. No es que crea que la opinión de estas chicas sea incorrecta o poco válida. Tampoco es que sea la primera vez que lo escucho, simplemente que es curioso ver cómo muchas de las cosas que se platican del otro lado del charco sobre la mentalidad europea, son ciertas.
A lo que voy es que, la realidad cotidiana y por ende, la expectativa del futuro de estas chicas, dista muchísimo de lo que yo he vivido. Vengo de un entorno familiar muy feliz y estable y tengo una relación excelente con mis padres y con mis hermanos, de la cual cada día (y entre más gente conozco) estoy más agradecida. Mis padres se casaron muy jóvenes y desde el momento que se comprometieron, mis abuelos (los padres de mi papá) le dijeron a mi madre que no querían que trabajara, que mi papá se ocuparía de mantenerla, que ella debería de enfocarse a la casa. Seguramente que mi madre habría hecho un trabajo formidable como profesionista, pero no por ello es menos feliz ahora. Puedo decir con seguridad (porque lo veo todos los días) que mis padres son muy felices, cada uno con sus roles, por más convencionales que sean.
Solía enorgullecerme por considerarme una persona "no convencional". Supongo que en cierta manera sí lo soy, ya que nunca me ha gustado que la gente imponga sus reglas o la manera de ver el mundo sobre mí y me diga qué hacer. Pero hoy más que nunca, me doy cuenta que difícilmente saldrán de mi boca frases similares a la que dicen estas chicas. Ciertamente, soy una apasionada de mis estudios y quiero explotarlo al máximo cuando me gradúe. Quiero continuar viajando, aprendiendo idiomas y estarme actualizando constantemente. Por otro lado, sí puedo ver en mi futuro ese toque convencional de sentar cabeza, casarme y formar una familia. No sé cómo, ni dónde, ni cuándo, ni porqué, ni con quién, ni en qué idioma, pero sí que me parece un escenario lindo. Sé que no hay ningún tipo de garantía de que esto suceda, pero me gustaría pensar que es posible para mí. Tal vez es porque recientemente haya estado enamorada o porque con cada día que pasa, aprendo a valorar más todo lo que mi familia hace por mí. En realidad, no estoy segura, pero es así. Por suerte, tengo amigas que se graduaron recientemente de mi facultad, están trabajando y además tienen un noviazgo serio y feliz. No por esto último es que estén dejando sus propios sueños y aspiraciones completamente de lado. Siguen haciendo planes para continuar sus estudios, viajar, crecer y enriquecerse intelectualmente, en un proyecto común con sus respectivas parejas. Me alienta mucho platicar con ellas, porque me hace darme cuenta de que hay un momento para todo. La opinión general es que no se puede tenerlo todo, pero supongo que esto es cierto sólo cuando se busca tener "todo" al mismo tiempo. Es inútil adherirse a una sola visión del mundo o a una sola posibilidad de futuro, porque la misma secuencia desordenada de la vida, te lo va cambiando. Es así como me di cuenta que lo tan desdeñado "convencional" no tiene nada de malo. Es más, encuentro que el esfuerzo continuo por alejarse de lo convencional, lleva a recorrer un camino bastante solitario. Por otro lado, lo "no convencional" tampoco tiene nada de malo. Lo que verdaderamente hay que evitar es el conformismo, tomar decisiones sin pasión y ver la vida como una secuencia gris y aburrida. Convencional o no, ambas, de cierta manera, son un tipo de conformismo. Hay que tener visión propia, seguir lo que nos mueve y así, ir construyendo nuestro propio camino.
Así que, sí, puede ser que sea más convencional de lo que pensaba, o lo que en algún punto de mi vida me hubiera gustado ser. Pero me doy cuenta que no importa. La vida no se trata de cumplir una lista de requisitos de cómo vestirse, cómo hablar y cómo comportarse. No se trata de adoptar el papel de un ama de casa, un hombre de negocios, un hipster o un revolucionario y construir nuestra identidad y nuestro futuro en base a esto. Se trata de descubrir qué es lo que nos llena, caminar cada día hacia ello y sobretodo, de disfrutar el viaje: el caótico, sorpresivo, emocionante, desordenado, impredecible e increíble viaje.
Aquí, algunas definiciones de la Real Academia Española respecto a la palabra "convencional":
1. "Que resulta o se establece en virtud de precedentes o de costumbre."
2. "Dicho de una persona, de una actitud, de una idea, etc.: Poco originales y acomodaticias."
3. "Dicho de un acto, de una costumbre, de una indumentaria, etc.: Que se atiene a las normas mayoritariamente observadas."
Leído de esta manera, fácilmente podría pensarse que lo convencional es algo negativo, algo que hay que evitar. En el mundo de ahora (sobretodo cuando se estudia algo en el campo de las ciencias sociales, encuentro) existe una campaña muy fuerte contra todo lo que tenga que ver con este adjetivo. Hay una tendencia a adoptar (o simplemente, desear) un estilo de vida que se salga de todo este juego de normas, tradiciones, costumbres, expectativas, etc. Para mí, la palabra "convencional" va atada a mucho de lo que nos han enseñado nuestros padres sobre cómo deberíamos de vivir nuestras vidas o por lo menos, cómo les gustaría a ellos que lo hiciéramos. Quisieran que adoptáramos una vida en secuencia: nacer, aprender a caminar y a hablar, ir a la escuela primaria, ir a la escuela secundaria, la escuela preparatoria, la universidad, graduarse, buscar un buen trabajo, casarse, tener hijos y hacer que estos últimos repitan el ciclo. Encuentro que el vivir la vida de esta manera es demasiada presión para algunas personas. La realidad es que no funciona así para la gran mayoría. Las cosas suceden y no siempre siguen este orden. Crecemos con la idea que salirse de este orden es algo "malo" o simplemente, poco deseable. Pero, ¿qué tal si uno o varios de los elementos de esta secuencia no hacen feliz a una persona? ¿No es eso motivo suficiente para saltárselos? ¿O qué tal si, por alguna razón, uno o varios de estos elementos llegan a tu vida antes o después de lo escrito en las costumbres? ¿Automáticamente (y en todos los casos) la circunstancia pasa a ser negativa?
Vivir en Francia me ha encontrado con gente de los cuatro rincones del mundo, todos con situaciones familiares y personales muy particulares. Curiosamente, las familias de muchas de estas personas han vivido una decepción muy fuerte con este modelo convencional y mis nuevos amigos han crecido con este sentimiento. Razón por la cual muchos de ellos lo miran con desprecio y se enfocan a no seguir el mismo camino. En más de una ocasión he escuchado chicas decir que no quieren casarse o formar una familia por distintas razones: por no querer ponerse gordas, por temor a la labor de parto, por no poder dedicarse a sus trabajos y la más drástica de todas, por no querer vivir 20 años ("por lo menos", dicen ellas) de resentimiento y emocionas reprimidas, como aparentemente lo han vivido en sus propias casas. Y no es necesario venir de un entorno familiar complicado para buscar salirse de lo convencional: otra de mis amigas, a pesar de que el matrimonio de sus padres es feliz y estable, dice que se considera demasiado solitaria como para considerar casarse, por lo menos en este momento. No es que crea que la opinión de estas chicas sea incorrecta o poco válida. Tampoco es que sea la primera vez que lo escucho, simplemente que es curioso ver cómo muchas de las cosas que se platican del otro lado del charco sobre la mentalidad europea, son ciertas.
A lo que voy es que, la realidad cotidiana y por ende, la expectativa del futuro de estas chicas, dista muchísimo de lo que yo he vivido. Vengo de un entorno familiar muy feliz y estable y tengo una relación excelente con mis padres y con mis hermanos, de la cual cada día (y entre más gente conozco) estoy más agradecida. Mis padres se casaron muy jóvenes y desde el momento que se comprometieron, mis abuelos (los padres de mi papá) le dijeron a mi madre que no querían que trabajara, que mi papá se ocuparía de mantenerla, que ella debería de enfocarse a la casa. Seguramente que mi madre habría hecho un trabajo formidable como profesionista, pero no por ello es menos feliz ahora. Puedo decir con seguridad (porque lo veo todos los días) que mis padres son muy felices, cada uno con sus roles, por más convencionales que sean.
Solía enorgullecerme por considerarme una persona "no convencional". Supongo que en cierta manera sí lo soy, ya que nunca me ha gustado que la gente imponga sus reglas o la manera de ver el mundo sobre mí y me diga qué hacer. Pero hoy más que nunca, me doy cuenta que difícilmente saldrán de mi boca frases similares a la que dicen estas chicas. Ciertamente, soy una apasionada de mis estudios y quiero explotarlo al máximo cuando me gradúe. Quiero continuar viajando, aprendiendo idiomas y estarme actualizando constantemente. Por otro lado, sí puedo ver en mi futuro ese toque convencional de sentar cabeza, casarme y formar una familia. No sé cómo, ni dónde, ni cuándo, ni porqué, ni con quién, ni en qué idioma, pero sí que me parece un escenario lindo. Sé que no hay ningún tipo de garantía de que esto suceda, pero me gustaría pensar que es posible para mí. Tal vez es porque recientemente haya estado enamorada o porque con cada día que pasa, aprendo a valorar más todo lo que mi familia hace por mí. En realidad, no estoy segura, pero es así. Por suerte, tengo amigas que se graduaron recientemente de mi facultad, están trabajando y además tienen un noviazgo serio y feliz. No por esto último es que estén dejando sus propios sueños y aspiraciones completamente de lado. Siguen haciendo planes para continuar sus estudios, viajar, crecer y enriquecerse intelectualmente, en un proyecto común con sus respectivas parejas. Me alienta mucho platicar con ellas, porque me hace darme cuenta de que hay un momento para todo. La opinión general es que no se puede tenerlo todo, pero supongo que esto es cierto sólo cuando se busca tener "todo" al mismo tiempo. Es inútil adherirse a una sola visión del mundo o a una sola posibilidad de futuro, porque la misma secuencia desordenada de la vida, te lo va cambiando. Es así como me di cuenta que lo tan desdeñado "convencional" no tiene nada de malo. Es más, encuentro que el esfuerzo continuo por alejarse de lo convencional, lleva a recorrer un camino bastante solitario. Por otro lado, lo "no convencional" tampoco tiene nada de malo. Lo que verdaderamente hay que evitar es el conformismo, tomar decisiones sin pasión y ver la vida como una secuencia gris y aburrida. Convencional o no, ambas, de cierta manera, son un tipo de conformismo. Hay que tener visión propia, seguir lo que nos mueve y así, ir construyendo nuestro propio camino.
Así que, sí, puede ser que sea más convencional de lo que pensaba, o lo que en algún punto de mi vida me hubiera gustado ser. Pero me doy cuenta que no importa. La vida no se trata de cumplir una lista de requisitos de cómo vestirse, cómo hablar y cómo comportarse. No se trata de adoptar el papel de un ama de casa, un hombre de negocios, un hipster o un revolucionario y construir nuestra identidad y nuestro futuro en base a esto. Se trata de descubrir qué es lo que nos llena, caminar cada día hacia ello y sobretodo, de disfrutar el viaje: el caótico, sorpresivo, emocionante, desordenado, impredecible e increíble viaje.
miércoles, 25 de enero de 2012
Segundas y Terceras Impresiones.
De vuelta en Francia desde hace una semana y por ende, también volvemos al blog :) El día por fuera, parece gris y frío, pero espero poder contrarrestarlo con buena música, un buen ejercicio de escritura, muchos planes para viajes y (porqué no?) un buen chocolate caliente traído desde mis tierras :D
Otra de las grandes, grandes lecciones de una experiencia de intercambio es que la gente que conoces, rara vez es lo que parece ser. Sé que suena muy cliché, pero encuentro que mis meses en Francia lo han hecho más obvio que nunca. Son raras las personas que son genuinamente transparentes y son ellas mismas al 100% al momento que las conoces. Me consideraba una persona muy transparente (y sigo pensando que, normalmente, lo soy) pero entiendo que es difícil ser tú mismo fuera de tu contexto usual, o también (traducido un poco bruscamente desde el inglés), tu "zona de confort". Es tentador tratar de ser alguien más, pues al llegar aquí, tu personalidad se convierte en una pizarra blanca. Nadie te conoce, nadie te ha visto jamás, nadie sabe cómo te comportas en clase, en fiestas, si eres callado o hablador, si bebes mucho o poco, si fumas, si te gusta o no el helado de pistache, si eres buen o mal amigo. Es muy fácil inclinarse a probar cosas nuevas, a desarrollar una parte de ti que ni siquiera sabías era posible o imaginable. En lo personal, siento que sigo siendo la misma persona, pero sí he llegado a sentir barreras para ser "completamente yo" en ciertas situaciones. En ocasiones, me reprimo cuando quiero ser más franca, omito ciertos comentarios, dejo de reír ante situaciones en las que normalmente lo haría...cosas bastante superficiales. Y no es que no quiera hacerlo, simplemente es que no lo siento natural en este contexto que, en los primeros meses, parecía tan extraño. Lo he vuelto a sentir un poco a mi regreso. Supongo que es de esperarse.
He confirmado esta impresión particularmente con dos de las chicas que he conocido aquí. Volveré a usar sobrenombres, a riesgo de estar revelando cosas que no debería. Pero este blog sigue siendo "privado", hasta cierto punto, así que supongo que estará bien. En fin, sigamos...
La primera de estas chicas, llamémosle Vera, es alguien cuya primera impresión no fue muy agradable. He convivido y sigo conviviendo con ella en algunos cursos y me parecía una persona bastante...estirada. Algo antipática, muy complicada, parecía estar de mal humor todo el tiempo. Sobretodo me molestó el haberle prestado mi tarjeta de biblioteca y que me la haya regresado más de tres semanas después, no importa que fueran los días de exámenes y trabajos finales y que yo también pudiera llegar a necesitarla. Suena a capricho de quinceañera, lo sé, pero me molesta mucho la gente que abusa de tu confianza. En fin, recientemente me enteré que esta chica ha pasado por situaciones muy complicadas desde que llegó a Francia. Aparentemente, ha tenido muchos problemas con su casera y vive un ambiente bastante hostil gracias a ello. Tuvo problemas con algunos de los profesores también, sobretodo a la hora de exámenes finales. Todo esto en un lugar que está a más de 11,000 kilómetros de su ciudad de origen y teniendo que pasar las fiestas navideñas lejos de su familia y su novio de seis años, con el que vivía antes de llegar a Francia y con el que también ha estado teniendo problemas. Bueno, con ese tipo de situaciones, quién no estaría fastidiada y de mal humor constantemente? Sobretodo por el hecho de que ella tiene muchos deseos de seguir aquí, pero parece que tanto Francia como su país de origen le piden a gritos que vuelva.
La segunda chica, llamémosla Ali, me confesó hace unos días que descubrió hace dos años que es lesbiana. Me explicó que se reserva en contárselo a mucha gente, por malas experiencias que ha tenido en el pasado: amigas que se han alejado cuando se enteraron, cosas así. Mientras ella y yo hemos tenido una buena relación desde el inicio, me dijo que quería conocerme un poco más para averiguar cómo me lo tomaría, si la noticia cambiaría la relación que hubiera entre nosotras. Me dio mucha risa que (aparte que todo me lo dijo en inglés, cuando las dos hablamos español como lengua materna) me aclaró que no estaba interesada en salir conmigo (en fin, ella se lo pierde, ¿que no? Jaja). Me impactó mucho que incluso su mamá no lo supiera y eso que ellas dos tienen una relación muy cercana. Me parecía muy extraño que el semestre pasado, después de estar viéndonos mucho junto con otras chicas españolas, de repente ella decidiera tomar distancia. Me imaginé que debía tener sus razones, siempre me pareció ser una chica bastante reservada. Imagino que ha de ser difícil cargar con algo así, sobretodo sin poder decírselo a las personas que más te importan, ni poder ser tú misma al 100% con ellas. Algo así tiene que volver muy necesaria la distancia.
En fin, doy estos dos ejemplos porque son los más claros y recientes. Pero esto es algo que sucede todos los días, con casi cualquier persona con la que convivimos. Es algo así como el efecto de los carnavales o las borracheras, pero en un contexto cotidiano.
Ahora me doy cuenta que esto es parte de lo que me pasó con R ya hace algunos meses, que también compartí en este blog. Me prometí que jamás lo idealizaría y terminé haciéndolo. Con él, este concepto es un poco paradójico. Por un lado, es alguien que dejé entrar a mi vida de una manera única, que ciertamente es muy especial y que muy difícilmente voy a olvidar. Por otro lado, sólo es un chico, que hace y piensa las mismas cosas que los otros millones de chicos que hay en el mundo. Me viene muy bien esta reflexión: justo ayer leí El Principito por primera vez en francés. Cuando hace su viaje al planeta Tierra, se encuentra con un montón de rosas, que en apariencia física, eran idénticas a su rosa, la que tenía debajo de un globo de vidrio en su planeta. Pero la diferencia es que esta última era SU rosa, lo cual la distinguía permanentemente de cualquier otra que se pudiera encontrar. Lo mío es un poco a la inversa, pero se entiende la comparación, ¿no? Aunque debo confesar que, parcialmente, es lo que me digo a mi misma para sentirme mejor en los días que me pongo triste, sobretodo cuando el clima lillois no ayuda.
Justo hoy leí una frase que dicen que es de Shakespeare (aunque en realidad no estoy muy segura, pero en este momento, da igual). Decía que la clave para la felicidad constante, es no esperar nada de nadie, ya que esperar siempre duele. No podría estar más de acuerdo y no lo digo en un tono pesimista. Siento que, a lo que se refiere, es que hay que querer a las personas como son y saber apreciar sus formas particulares de mostrarnos su cariño o su aprecio, por más que disten de lo que nosotros quisiéramos. Como dijo Gabriel García Márquez (de esta sí estoy segura): "Solo porque alguien no te ame como tú quieras, no significa que no te ame con todo su ser." Difícil de afrontar a veces, pero si sabes asimilarlo, debe de ser muy consolador.
En fin...hoy ha habido un poco de todo. Me siento muy feliz por haber hecho esto, no he lavado mi ropa aún, pero sigo sintiendo que ha sido una hora productiva. Espero que, al que lea el palabrerío que he dejado hoy o en cualquiera de las ocasiones anteriores, le sirva de algo. Bonito día :)
Otra de las grandes, grandes lecciones de una experiencia de intercambio es que la gente que conoces, rara vez es lo que parece ser. Sé que suena muy cliché, pero encuentro que mis meses en Francia lo han hecho más obvio que nunca. Son raras las personas que son genuinamente transparentes y son ellas mismas al 100% al momento que las conoces. Me consideraba una persona muy transparente (y sigo pensando que, normalmente, lo soy) pero entiendo que es difícil ser tú mismo fuera de tu contexto usual, o también (traducido un poco bruscamente desde el inglés), tu "zona de confort". Es tentador tratar de ser alguien más, pues al llegar aquí, tu personalidad se convierte en una pizarra blanca. Nadie te conoce, nadie te ha visto jamás, nadie sabe cómo te comportas en clase, en fiestas, si eres callado o hablador, si bebes mucho o poco, si fumas, si te gusta o no el helado de pistache, si eres buen o mal amigo. Es muy fácil inclinarse a probar cosas nuevas, a desarrollar una parte de ti que ni siquiera sabías era posible o imaginable. En lo personal, siento que sigo siendo la misma persona, pero sí he llegado a sentir barreras para ser "completamente yo" en ciertas situaciones. En ocasiones, me reprimo cuando quiero ser más franca, omito ciertos comentarios, dejo de reír ante situaciones en las que normalmente lo haría...cosas bastante superficiales. Y no es que no quiera hacerlo, simplemente es que no lo siento natural en este contexto que, en los primeros meses, parecía tan extraño. Lo he vuelto a sentir un poco a mi regreso. Supongo que es de esperarse.
He confirmado esta impresión particularmente con dos de las chicas que he conocido aquí. Volveré a usar sobrenombres, a riesgo de estar revelando cosas que no debería. Pero este blog sigue siendo "privado", hasta cierto punto, así que supongo que estará bien. En fin, sigamos...
La primera de estas chicas, llamémosle Vera, es alguien cuya primera impresión no fue muy agradable. He convivido y sigo conviviendo con ella en algunos cursos y me parecía una persona bastante...estirada. Algo antipática, muy complicada, parecía estar de mal humor todo el tiempo. Sobretodo me molestó el haberle prestado mi tarjeta de biblioteca y que me la haya regresado más de tres semanas después, no importa que fueran los días de exámenes y trabajos finales y que yo también pudiera llegar a necesitarla. Suena a capricho de quinceañera, lo sé, pero me molesta mucho la gente que abusa de tu confianza. En fin, recientemente me enteré que esta chica ha pasado por situaciones muy complicadas desde que llegó a Francia. Aparentemente, ha tenido muchos problemas con su casera y vive un ambiente bastante hostil gracias a ello. Tuvo problemas con algunos de los profesores también, sobretodo a la hora de exámenes finales. Todo esto en un lugar que está a más de 11,000 kilómetros de su ciudad de origen y teniendo que pasar las fiestas navideñas lejos de su familia y su novio de seis años, con el que vivía antes de llegar a Francia y con el que también ha estado teniendo problemas. Bueno, con ese tipo de situaciones, quién no estaría fastidiada y de mal humor constantemente? Sobretodo por el hecho de que ella tiene muchos deseos de seguir aquí, pero parece que tanto Francia como su país de origen le piden a gritos que vuelva.
La segunda chica, llamémosla Ali, me confesó hace unos días que descubrió hace dos años que es lesbiana. Me explicó que se reserva en contárselo a mucha gente, por malas experiencias que ha tenido en el pasado: amigas que se han alejado cuando se enteraron, cosas así. Mientras ella y yo hemos tenido una buena relación desde el inicio, me dijo que quería conocerme un poco más para averiguar cómo me lo tomaría, si la noticia cambiaría la relación que hubiera entre nosotras. Me dio mucha risa que (aparte que todo me lo dijo en inglés, cuando las dos hablamos español como lengua materna) me aclaró que no estaba interesada en salir conmigo (en fin, ella se lo pierde, ¿que no? Jaja). Me impactó mucho que incluso su mamá no lo supiera y eso que ellas dos tienen una relación muy cercana. Me parecía muy extraño que el semestre pasado, después de estar viéndonos mucho junto con otras chicas españolas, de repente ella decidiera tomar distancia. Me imaginé que debía tener sus razones, siempre me pareció ser una chica bastante reservada. Imagino que ha de ser difícil cargar con algo así, sobretodo sin poder decírselo a las personas que más te importan, ni poder ser tú misma al 100% con ellas. Algo así tiene que volver muy necesaria la distancia.
En fin, doy estos dos ejemplos porque son los más claros y recientes. Pero esto es algo que sucede todos los días, con casi cualquier persona con la que convivimos. Es algo así como el efecto de los carnavales o las borracheras, pero en un contexto cotidiano.
Ahora me doy cuenta que esto es parte de lo que me pasó con R ya hace algunos meses, que también compartí en este blog. Me prometí que jamás lo idealizaría y terminé haciéndolo. Con él, este concepto es un poco paradójico. Por un lado, es alguien que dejé entrar a mi vida de una manera única, que ciertamente es muy especial y que muy difícilmente voy a olvidar. Por otro lado, sólo es un chico, que hace y piensa las mismas cosas que los otros millones de chicos que hay en el mundo. Me viene muy bien esta reflexión: justo ayer leí El Principito por primera vez en francés. Cuando hace su viaje al planeta Tierra, se encuentra con un montón de rosas, que en apariencia física, eran idénticas a su rosa, la que tenía debajo de un globo de vidrio en su planeta. Pero la diferencia es que esta última era SU rosa, lo cual la distinguía permanentemente de cualquier otra que se pudiera encontrar. Lo mío es un poco a la inversa, pero se entiende la comparación, ¿no? Aunque debo confesar que, parcialmente, es lo que me digo a mi misma para sentirme mejor en los días que me pongo triste, sobretodo cuando el clima lillois no ayuda.
Justo hoy leí una frase que dicen que es de Shakespeare (aunque en realidad no estoy muy segura, pero en este momento, da igual). Decía que la clave para la felicidad constante, es no esperar nada de nadie, ya que esperar siempre duele. No podría estar más de acuerdo y no lo digo en un tono pesimista. Siento que, a lo que se refiere, es que hay que querer a las personas como son y saber apreciar sus formas particulares de mostrarnos su cariño o su aprecio, por más que disten de lo que nosotros quisiéramos. Como dijo Gabriel García Márquez (de esta sí estoy segura): "Solo porque alguien no te ame como tú quieras, no significa que no te ame con todo su ser." Difícil de afrontar a veces, pero si sabes asimilarlo, debe de ser muy consolador.
En fin...hoy ha habido un poco de todo. Me siento muy feliz por haber hecho esto, no he lavado mi ropa aún, pero sigo sintiendo que ha sido una hora productiva. Espero que, al que lea el palabrerío que he dejado hoy o en cualquiera de las ocasiones anteriores, le sirva de algo. Bonito día :)
lunes, 9 de enero de 2012
Ely.
Linda, toda esta situación me parece tan irreal. No puedo procesar la idea de que parte de ti ya no estará con nosotros. Te fuiste tan rápido. Te dedico esta entrada, en un esfuerzo por despedirme cómo es debido. Confío en que estas palabras te llegarán de alguna manera.
No todos los días se tiene la suerte de conocer a gente como tú, una chica tan única. Por breve que haya sido, me siento muy afortunada de que nos hayamos cruzado: una chica sin miedo, valiente, de las mujeres con más agallas que he conocido. Alguien que combina lo mejor de los dos mundos: la simpatía y la calidez de una mexicana, con la tenacidad y la fuerza de carácter de una española, tu herencia cultural de la que tanto te enorgulleces.
Siento mucho el no haber sido una mejor amiga, no haber estado tan al pendiente de ti, como tú lo estabas de mí. Hemos estado en contacto durante los últimos meses; de hecho, repasando nuestras conversaciones por Facebook, noté que la última vez que hablamos directamente, fue el 24 de diciembre del 2011. Pero honestamente, no recuerdo la última vez que nos vimos en persona, lo cual me entristece muchísmo. Siento no haberte dedicado el tiempo que merecías, sobretodo porque sé que lo necesitaste mucho en los últimos meses.
Gracias por haberme confiado tantas cosas, a pesar del poco tiempo que llevábamos de conocernos y de realmente estar en contacto. Gracias por haberme acompañado a ese concierto de Coldplay el 11 de marzo del 2010. Creo que ese fue el punto en el que realmente comenzó nuestra amistad. Gracias por preocuparte por mí, por constantemente preguntarme cómo estoy, por hacerme sentir necesitada, confiable, apreciada. Ojalá hubiéramos podido ir a un segundo o tercer concierto de Coldplay o que yo me hubiera dado el tiempo de ir a tomar vampiros en el balcón de tu casa.
Gracias por tu luz, por regalar tu amistad sin preguntas ni restricciones ni condiciones. Harás mucha falta en este mundo que por alguna razón quiere volverse frío e insensible. Estoy segura que vayas a dónde vayas, seguirás ofreciendo tus oídos, tu hombro, tus palabras, tu buena vibra y harás sonreír al que se te cruce. Te quiero, Elyssa Sanfiz Garza y no te olvidaré.
miércoles, 28 de diciembre de 2011
Incompleto, Irreal.
La entrada del día de hoy es bastante melancólica...me disculpo por adelantado.
¿Cómo saber qué conservar en tu vida y qué desechar? ¿Cómo distinguir entre lo que forma parte de ti y lo que nunca fue? Sobretodo, ¿cómo distinguir lo que te hace feliz de lo que te hace daño? Hoy me sorprendí de lo mucho que pueden llegar a parecerse estas dos cosas.
Confieso que, actualmente, tengo una vida amorosa un tanto dramática. Como lo he hecho evidente en entradas previas, el verano de este año que termina, me enamoré de un chico de Argentina. De hecho, no estoy muy segura de que pueda hablar de esto en tiempo pasado, pues ya van seis meses que dejé este peculiar país sudamericano y sigo teniendo un contacto muy habitual con el susodicho, sin mantener una relación de noviazgo, aclaro. Hablando con toda honestidad, es una relación que de momento, no tiene futuro. Creo que ha quedado claro que ni él ni yo, por el momento, vamos a movernos de donde estamos. Ni siquiera sabemos si nos volveremos a ver en persona algún día. Defiendo mucho la continuación de este contacto, por el hecho de que platicar con él, es algo que me hace feliz. Y hasta donde yo sé, es algo que a él también hace feliz. El día de hoy, cuestioné esto. Habíamos quedado para platicar a mis 7 de la noche, que vienen siendo sus 10 de la noche. En un punto de la tarde yo me encontraba conectada y me llegó un mensaje suyo. Me sorprendió recibirlo con tanta anticipación de nuestra cita y se lo hice saber. Él me respondió que me estaba buscando para adelantar, pues había hecho planes con sus amigos una hora después de lo que habíamos acordado, lo cual no nos dejaba con mucho tiempo para charlar. Y, ¿sabes qué? Me molestó. Me hizo recordar las muchas veces que me enfadé cuando el imbécil de mi ex novio me quedaba mal. Sí, yo sé que es ridículo, pero no es la primera vez que sucede. Ya he contado que unas semanas atrás, descubrí (utilizando un método no muy ortodoxo) que el susodicho ha estado viendo a otras mujeres...o por lo menos poniendo mucho esfuerzo para lograrlo. Repito que no tenemos una relación de noviazgo, por lo que ambos somos libres de salir con quien queramos. Y vamos, no es como que yo no he pensado en otros o salido con otros desde entonces. Por otro lado, ese mismo método me permitió constar lo mucho que me quiere/quiso y lo especial que es lo nuestro para él. Sin embargo, lo que sentí al darme cuenta, fue casi como descubrir que mi pareja me había estado engañando. Recuerdo que todo mi cuerpo se aceleró, mi corazón latía a mil por hora. Y siendo honesta, la continuidad de nuestra relación sí me ha frenado un poco para salir con otros (aunque tampoco he conocido a alguien que valga mucho la pena...el 2011 me volvió bastante intolerante a los idiotas). Es RIDÍCULO, lo sé.
Me he dado cuenta que la confianza y el trato que tengo con él, es muy parecido a lo que se tiene con una pareja. Hemos llegado a platicar a través de la pantalla de nuestras computadoras, mientras yo me estoy maquillando y arreglando el cabello, porque prefiero hacerlo pasar por mis rituales de belleza, a no platicar con él. Es absurdo que las cosas hayan llegado a este punto, porque hoy me di cuenta que toda esa confianza y todo ese "trato especial" que hay entre nosotros, es irreal, no existe. No tengo razón o motivo alguno para convencerlo de que se quede, por más que lo hubiera querido esta tarde. Y no tengo derecho a decirle que no siga con su vida, que no salga con otras mujeres, que no piense en otras mujeres al mismo tiempo que a mí me dice que me quiere y que me extraña. Simplemente, no puedo hacerlo porque no me corresponde. Y darse cuenta de eso duele...y duele mucho. Es el segundo golpe bajo que me ha dado esta relación...o lo que sea que sea su nombre. Y lo que lo hace más confuso, es que es el chico más confiable que he conocido. Es una persona que, con los miles de kilómetros de distancia que nos separan, me ha cuidado, me ha acompañado, me ha escuchado, se ha preocupado por mí y ha estado ahí para mí. Como un tipo de ángel guardián de carne y hueso. Es una persona que me conoce tan bien y a la que yo conozco tan bien, que da miedo.
Es una relación muy especial y ciertamente lo que tenemos es algo muy hermoso y sobretodo muy raro...pero no sé si esté empezando a llegar al punto en el que se vuelve algo no saludable. El dolor tardó en llegar, pero finalmente, lo hizo y está haciendo de las suyas. Últimamente, siento que él está, pero a la vez no está. Y lo mismo de mi parte. Siento que sentimos mucho el uno por el otro, que ciertamente quisiéramos que las cosas fueran diferentes y que pudiéramos estar juntos de una manera más convencional y que seríamos muy felices juntos...pero quizá no sea suficiente para dar ese paso y hacer lo que se tenga que hacer para que las cosas funcionen. Vaya, hasta la fecha no había tenido el valor de decirlo. Quizá simplemente haya demasiado que arriesgar: miedo, desconfianza, gastos monetarios y emocionales, inestabilidad, cambios radicales de planes y prioridades, incomodidad, costumbres, hábitos, etc. Quizá ambos estemos más preocupados por preservarnos a nosotros mismos y nuestros planes de vida, que a tomar un riesgo tan grande que a veces hasta absurdo parece. Por más bella que sea esta relación, está incompleta. Y honestamente, siento que muchos aspectos de mi vida (en cuanto a relaciones personales) han sido así. Nunca me ha gustado sentirme atada, sumergirme completamente o depender 100% de un grupo, de una persona o de una idea. Necesito sentir que tengo la libertad de escoger, de poder decir no, de seguir siendo yo, de moverme libremente, de poder seguir con mis planes sin dejar que se crucen con los de los demás, DE VER UNA SALIDA. Hasta ahora, he sentido que esta actitud me ha hecho feliz y me ha traído cosas muy buenas, pero quizá todo este tema esté exponiendo una falla muy grande en mi forma de relacionarme con otros. Quizá sea tiempo de que deje de pintar tantas fronteras e involucrarme de lleno en algo por una vez en mi vida...el problema es que no sé cómo.
Por otro lado, yo sé que en este momento no puedo cortar contacto con él, porque me arrepentiría al día siguiente. Sin embargo, hoy empiezo a cuestionar qué vale más la pena: mi posición (un tanto egoísta) de querer evitar el dolor y el drama, o todas las cosas maravillosas que hemos vivido juntos y podríamos seguir viviendo, tal vez en proximidad física, algún día. Pero hasta hoy, esto sigue siendo una posibilidad muy remota y se me acaban lentamente las razones para conservar la esperanza. Y hablando por experiencia (sin la intención de sonar demasiado pesimista), la duda normalmente es un signo de que se avecina algo mucho peor.
Hemos quedado para platicar nuevamente el jueves por la tarde. Casi deseo tener una excusa para cancelar.
¿Cómo saber qué conservar en tu vida y qué desechar? ¿Cómo distinguir entre lo que forma parte de ti y lo que nunca fue? Sobretodo, ¿cómo distinguir lo que te hace feliz de lo que te hace daño? Hoy me sorprendí de lo mucho que pueden llegar a parecerse estas dos cosas.
Confieso que, actualmente, tengo una vida amorosa un tanto dramática. Como lo he hecho evidente en entradas previas, el verano de este año que termina, me enamoré de un chico de Argentina. De hecho, no estoy muy segura de que pueda hablar de esto en tiempo pasado, pues ya van seis meses que dejé este peculiar país sudamericano y sigo teniendo un contacto muy habitual con el susodicho, sin mantener una relación de noviazgo, aclaro. Hablando con toda honestidad, es una relación que de momento, no tiene futuro. Creo que ha quedado claro que ni él ni yo, por el momento, vamos a movernos de donde estamos. Ni siquiera sabemos si nos volveremos a ver en persona algún día. Defiendo mucho la continuación de este contacto, por el hecho de que platicar con él, es algo que me hace feliz. Y hasta donde yo sé, es algo que a él también hace feliz. El día de hoy, cuestioné esto. Habíamos quedado para platicar a mis 7 de la noche, que vienen siendo sus 10 de la noche. En un punto de la tarde yo me encontraba conectada y me llegó un mensaje suyo. Me sorprendió recibirlo con tanta anticipación de nuestra cita y se lo hice saber. Él me respondió que me estaba buscando para adelantar, pues había hecho planes con sus amigos una hora después de lo que habíamos acordado, lo cual no nos dejaba con mucho tiempo para charlar. Y, ¿sabes qué? Me molestó. Me hizo recordar las muchas veces que me enfadé cuando el imbécil de mi ex novio me quedaba mal. Sí, yo sé que es ridículo, pero no es la primera vez que sucede. Ya he contado que unas semanas atrás, descubrí (utilizando un método no muy ortodoxo) que el susodicho ha estado viendo a otras mujeres...o por lo menos poniendo mucho esfuerzo para lograrlo. Repito que no tenemos una relación de noviazgo, por lo que ambos somos libres de salir con quien queramos. Y vamos, no es como que yo no he pensado en otros o salido con otros desde entonces. Por otro lado, ese mismo método me permitió constar lo mucho que me quiere/quiso y lo especial que es lo nuestro para él. Sin embargo, lo que sentí al darme cuenta, fue casi como descubrir que mi pareja me había estado engañando. Recuerdo que todo mi cuerpo se aceleró, mi corazón latía a mil por hora. Y siendo honesta, la continuidad de nuestra relación sí me ha frenado un poco para salir con otros (aunque tampoco he conocido a alguien que valga mucho la pena...el 2011 me volvió bastante intolerante a los idiotas). Es RIDÍCULO, lo sé.
Me he dado cuenta que la confianza y el trato que tengo con él, es muy parecido a lo que se tiene con una pareja. Hemos llegado a platicar a través de la pantalla de nuestras computadoras, mientras yo me estoy maquillando y arreglando el cabello, porque prefiero hacerlo pasar por mis rituales de belleza, a no platicar con él. Es absurdo que las cosas hayan llegado a este punto, porque hoy me di cuenta que toda esa confianza y todo ese "trato especial" que hay entre nosotros, es irreal, no existe. No tengo razón o motivo alguno para convencerlo de que se quede, por más que lo hubiera querido esta tarde. Y no tengo derecho a decirle que no siga con su vida, que no salga con otras mujeres, que no piense en otras mujeres al mismo tiempo que a mí me dice que me quiere y que me extraña. Simplemente, no puedo hacerlo porque no me corresponde. Y darse cuenta de eso duele...y duele mucho. Es el segundo golpe bajo que me ha dado esta relación...o lo que sea que sea su nombre. Y lo que lo hace más confuso, es que es el chico más confiable que he conocido. Es una persona que, con los miles de kilómetros de distancia que nos separan, me ha cuidado, me ha acompañado, me ha escuchado, se ha preocupado por mí y ha estado ahí para mí. Como un tipo de ángel guardián de carne y hueso. Es una persona que me conoce tan bien y a la que yo conozco tan bien, que da miedo.
Es una relación muy especial y ciertamente lo que tenemos es algo muy hermoso y sobretodo muy raro...pero no sé si esté empezando a llegar al punto en el que se vuelve algo no saludable. El dolor tardó en llegar, pero finalmente, lo hizo y está haciendo de las suyas. Últimamente, siento que él está, pero a la vez no está. Y lo mismo de mi parte. Siento que sentimos mucho el uno por el otro, que ciertamente quisiéramos que las cosas fueran diferentes y que pudiéramos estar juntos de una manera más convencional y que seríamos muy felices juntos...pero quizá no sea suficiente para dar ese paso y hacer lo que se tenga que hacer para que las cosas funcionen. Vaya, hasta la fecha no había tenido el valor de decirlo. Quizá simplemente haya demasiado que arriesgar: miedo, desconfianza, gastos monetarios y emocionales, inestabilidad, cambios radicales de planes y prioridades, incomodidad, costumbres, hábitos, etc. Quizá ambos estemos más preocupados por preservarnos a nosotros mismos y nuestros planes de vida, que a tomar un riesgo tan grande que a veces hasta absurdo parece. Por más bella que sea esta relación, está incompleta. Y honestamente, siento que muchos aspectos de mi vida (en cuanto a relaciones personales) han sido así. Nunca me ha gustado sentirme atada, sumergirme completamente o depender 100% de un grupo, de una persona o de una idea. Necesito sentir que tengo la libertad de escoger, de poder decir no, de seguir siendo yo, de moverme libremente, de poder seguir con mis planes sin dejar que se crucen con los de los demás, DE VER UNA SALIDA. Hasta ahora, he sentido que esta actitud me ha hecho feliz y me ha traído cosas muy buenas, pero quizá todo este tema esté exponiendo una falla muy grande en mi forma de relacionarme con otros. Quizá sea tiempo de que deje de pintar tantas fronteras e involucrarme de lleno en algo por una vez en mi vida...el problema es que no sé cómo.
Por otro lado, yo sé que en este momento no puedo cortar contacto con él, porque me arrepentiría al día siguiente. Sin embargo, hoy empiezo a cuestionar qué vale más la pena: mi posición (un tanto egoísta) de querer evitar el dolor y el drama, o todas las cosas maravillosas que hemos vivido juntos y podríamos seguir viviendo, tal vez en proximidad física, algún día. Pero hasta hoy, esto sigue siendo una posibilidad muy remota y se me acaban lentamente las razones para conservar la esperanza. Y hablando por experiencia (sin la intención de sonar demasiado pesimista), la duda normalmente es un signo de que se avecina algo mucho peor.
Hemos quedado para platicar nuevamente el jueves por la tarde. Casi deseo tener una excusa para cancelar.
lunes, 12 de diciembre de 2011
Socializando con la ONU.
Ser estudiante de intercambio te enseña muchas cosas. Creo que entre las más valiosas, es aprender a lidiar con personas de todo tipo, en el sentido más literal posible, pues te vas a enfrentar con gente de las nacionalidades más diversas. En mi experiencia, han sido: por supuesto franceses, alemanes (he vivido con dos de ellas por casi cuatro meses), rusos, holandeses, belgas, italianos, griegos, ingleses, finlandeses, daneses, españoles, brasileños, argentinos, japoneses...y muchos más.
Voy a poco más de la mitad de mis estudios en relaciones internacionales (soy semi licenciada, yaaay) y he aprendido que mi disciplina intenta comprender el funcionamiento de la sociedad internacional. Estando de intercambio, intento comprender algo muy parecido. Ayer por la mañana, en una de esas sesiones filosóficas en la regadera, se me ocurrió que el ambiente en el que me muevo ahora funciona de manera muy similar a lo que estudié en mi clase de teorías. Primero, te das cuenta que mucho de lo que dicen los estereotipos nacionales, es cierto (vamos, por algo existen): los alemanes son serios, rígidos y perfeccionistas; a los españoles nunca se les acaba la fiesta; los franceses son muy agresivos sexualmente; los brasileños son las personas más alegres que puede haber; los italianos son sumamente expresivos (sí, mueven las manos tal como sus caricaturas lo muestran); los japoneses son unos adictos a la tecnología (mis compañeros de clase japoneses cargan un pequeño aparato traductor a donde quiera que van)...en fin, el punto se entiende. Al igual que en la sociedad internacional a nivel macro, se dan las alianzas, las coaliciones, la atracción, las tensiones, las peleas, la negociación, los cortes y las reanudaciones de relaciones diplomáticas. Es un ambiente en el que todo cambia de un día para otro. En el caso muy particular de dos chicas con las que vivo, y una tercera con la que también he pasado mucho tiempo (las tres son alemanas), existe como una especie de división no declarada. Por un lado, está una chica (vamos a llamarle "la rubia") junto con una de las chicas con las que vivo (llamémosla "la alta"). Del otro lado completamente, está la segunda chica con la que comparto casa (para efectos prácticos, "la otra") y en medio, estoy yo. Rubia y Otra se han peleado numerosas veces. Cada que esto sucede, se observa el mismo patrón. No se dirigen la palabra y Otra se dirige conmigo para quejarse. Me dice todo tipo de cosas sobre Rubia, que qué mala amiga es, que le ha perdido el respeto completamente, que qué vergüenza que se esté comportando de esa manera...blablabla (honestamente, yo sólo hago como que la escucho). Después de un intervalo que puede durar entre 24 y 48 horas, Rubia y Otra se encierran en algún lugar (el único baño de mujeres de un salón de té en Brujas, ¿porqué no?), discuten y después, se aman y se adoran de nuevo y se escriben corazones mutuamente en sus páginas de Facebook. Alta no figura mucho en estos escenarios, ya que es algo así como la vasalla de Rubia. Va a donde quiera que vaya Rubia y toma su lado incondicionalmente. La verdad que Alta es una persona bastante insípida, encuentro que tiene muy poca identidad propia...una pena. A las otras dos las quiero matar de repente también, pero por lo menos algo tienen para distinguirse. Me llama mucho la atención que en estas puestas en escena de la Tercera, Cuarta, Quinta, etc. Guerras Mundiales, yo soy como un tipo de Suiza. No me gusta el drama y lo evito en la medida de lo posible.
Entre paréntesis, conviviendo con tantos europeos, no puedes evitar darte cuenta de la pluralidad tan marcada de este pequeño continente. Un amigo alguna vez me dijo, "Europa es tan pequeña, que a la vuelta de la esquina se habla otro idioma." Y es que los mismos europeos son tan diversos como sus idiomas. Es impresionante observar como países que están tan cerca el uno del otro, puedan tener tan poco en común. En este continente, por más cerca que viajes, es imposible que no te sientas lejos del lugar de donde partiste. Cada día me confunde más la idea de crear "una sola Europa"...fuera del ámbito comercial, me parece una tarea humanamente imposible.
Volviendo al tema...este es un ambiente en el que se toman decisiones de manera muy visceral; hay mucho impulso, enojo, coraje y pasión en la manera de actuar de la mayoría de la gente. Es algo que no me cabe en la cabeza, sobretodo de la parte de las personas que no es la primera vez que viven fuera de sus casas. Sobretodo porque, en los ambientes de estudiantes de intercambio en los que he estado, se repiten los mismos patrones. Hay un descontrol y un desenfreno increíbles, todo se vive a los extremos. Espero para el final del año poder descifrar QUÉ es ese "algo" en los ambientes de estudiantes de intercambio, que hace que la gente se comporte de esta manera.
Otra de las muchas cosas que no me dejan de sorprender de esta experiencia...
Voy a poco más de la mitad de mis estudios en relaciones internacionales (soy semi licenciada, yaaay) y he aprendido que mi disciplina intenta comprender el funcionamiento de la sociedad internacional. Estando de intercambio, intento comprender algo muy parecido. Ayer por la mañana, en una de esas sesiones filosóficas en la regadera, se me ocurrió que el ambiente en el que me muevo ahora funciona de manera muy similar a lo que estudié en mi clase de teorías. Primero, te das cuenta que mucho de lo que dicen los estereotipos nacionales, es cierto (vamos, por algo existen): los alemanes son serios, rígidos y perfeccionistas; a los españoles nunca se les acaba la fiesta; los franceses son muy agresivos sexualmente; los brasileños son las personas más alegres que puede haber; los italianos son sumamente expresivos (sí, mueven las manos tal como sus caricaturas lo muestran); los japoneses son unos adictos a la tecnología (mis compañeros de clase japoneses cargan un pequeño aparato traductor a donde quiera que van)...en fin, el punto se entiende. Al igual que en la sociedad internacional a nivel macro, se dan las alianzas, las coaliciones, la atracción, las tensiones, las peleas, la negociación, los cortes y las reanudaciones de relaciones diplomáticas. Es un ambiente en el que todo cambia de un día para otro. En el caso muy particular de dos chicas con las que vivo, y una tercera con la que también he pasado mucho tiempo (las tres son alemanas), existe como una especie de división no declarada. Por un lado, está una chica (vamos a llamarle "la rubia") junto con una de las chicas con las que vivo (llamémosla "la alta"). Del otro lado completamente, está la segunda chica con la que comparto casa (para efectos prácticos, "la otra") y en medio, estoy yo. Rubia y Otra se han peleado numerosas veces. Cada que esto sucede, se observa el mismo patrón. No se dirigen la palabra y Otra se dirige conmigo para quejarse. Me dice todo tipo de cosas sobre Rubia, que qué mala amiga es, que le ha perdido el respeto completamente, que qué vergüenza que se esté comportando de esa manera...blablabla (honestamente, yo sólo hago como que la escucho). Después de un intervalo que puede durar entre 24 y 48 horas, Rubia y Otra se encierran en algún lugar (el único baño de mujeres de un salón de té en Brujas, ¿porqué no?), discuten y después, se aman y se adoran de nuevo y se escriben corazones mutuamente en sus páginas de Facebook. Alta no figura mucho en estos escenarios, ya que es algo así como la vasalla de Rubia. Va a donde quiera que vaya Rubia y toma su lado incondicionalmente. La verdad que Alta es una persona bastante insípida, encuentro que tiene muy poca identidad propia...una pena. A las otras dos las quiero matar de repente también, pero por lo menos algo tienen para distinguirse. Me llama mucho la atención que en estas puestas en escena de la Tercera, Cuarta, Quinta, etc. Guerras Mundiales, yo soy como un tipo de Suiza. No me gusta el drama y lo evito en la medida de lo posible.
Entre paréntesis, conviviendo con tantos europeos, no puedes evitar darte cuenta de la pluralidad tan marcada de este pequeño continente. Un amigo alguna vez me dijo, "Europa es tan pequeña, que a la vuelta de la esquina se habla otro idioma." Y es que los mismos europeos son tan diversos como sus idiomas. Es impresionante observar como países que están tan cerca el uno del otro, puedan tener tan poco en común. En este continente, por más cerca que viajes, es imposible que no te sientas lejos del lugar de donde partiste. Cada día me confunde más la idea de crear "una sola Europa"...fuera del ámbito comercial, me parece una tarea humanamente imposible.
Volviendo al tema...este es un ambiente en el que se toman decisiones de manera muy visceral; hay mucho impulso, enojo, coraje y pasión en la manera de actuar de la mayoría de la gente. Es algo que no me cabe en la cabeza, sobretodo de la parte de las personas que no es la primera vez que viven fuera de sus casas. Sobretodo porque, en los ambientes de estudiantes de intercambio en los que he estado, se repiten los mismos patrones. Hay un descontrol y un desenfreno increíbles, todo se vive a los extremos. Espero para el final del año poder descifrar QUÉ es ese "algo" en los ambientes de estudiantes de intercambio, que hace que la gente se comporte de esta manera.
Otra de las muchas cosas que no me dejan de sorprender de esta experiencia...
martes, 6 de diciembre de 2011
Ay, qué pesado.
No hay que esperar milagros, porque tampoco los pedías, cuando hiciste el amor...
Es que en esta canción, Mecano habla con la puritita verdad.
Es sorprendente cómo te cambia la vida en tan poco tiempo. Me parece que no hay cosa más injusta que las mejores cosas de la vida duren tan poco, que se tenga que esperar tanto para encontrar cosas que verdaderamente valgan la pena. Pero en fin, creo que es su misma cualidad efímera lo que las hace tan valiosas y tan especiales, cual si fueran bienes de lujo.
Hace unos meses me encontraba en Argentina, aproximadamente 11,000 kilómetros de donde estoy ahora. Conocí a alguien que cambió mi vida y no lo digo en ese sentido cursi y cliché de algo que te duró 20 minutos y ya está. Fue mi primera relación para muchas cosas, pero lo más importante, la primera en la que de las dos partes, había un genuino respeto y cariño por todo lo que la otra persona es y quería ser. Una relación en la que ambas partes nos sentíamos con la libertad de ser 100% nosotros mismos y nunca sentimos el peso de esa cosa tan ridícula de "tener que cambiar por el otro". Nos bastaba eso para ser felices. Una relación natural, fluida, sin complicaciones, como siempre hubiera querido que fuera esto del amor. Bueno, lo de "no complicaciones", no es completamente cierto...
Disfrutamos de un mes verdaderamente maravilloso, que lamentablemente se fue demasiado rápido, dejándonos a los dos con ganas de mucho más. Mientras que terminó nuestra relación como pareja por acuerdo mutuo, decidimos continuar con la comunicación y un tipo de "amistad" (simplemente porque no se me ocurre una mejor palabra), a pesar de todos los factores en contra. La distancia, la diferencia de horarios (que estaban por aumentar considerablemente con mi mudanza a Francia) y sobretodo, la [pinche] incertidumbre de no saber cuándo [chingados] nos volveríamos a ver. Peor, si es que algún día nos volveríamos a ver. De esto, hace poco más de cinco meses y desde entonces, aquí estamos.
Últimamente, nos da por tener conversaciones de tres horas seguidas mínimo (sí, mínimo). Y justo ayer estábamos discutiendo sobre ese "algo" que nos hace querer seguir aquí. Ambos hemos pasado por muchas etapas a lo largo de los últimos meses. Me divertía mucho burlándome de él, porque, como buen argentino, adora el drama (a pesar de que lo niegue, jiji). Pero el karma, ni tardo ni perezoso, me devolvió todas esas burlas hace apenas una semana. Finalmente pude ponerme en sus zapatos y darme cuenta de lo que cuesta y lo que duele separarse de una persona por la que sientes tanto, sobretodo cuando las circunstancias van más allá de lo que cualquiera de los dos pudiera explicar. Duele darse cuenta (por métodos no muy ortodoxos, debo de confesar) que la otra persona está siguiendo con su vida, hasta cierto punto. Lo cual es totalmente irónico, pues yo insistí mucho sobre este punto cuando nuestra separación era inminente. Sobretodo que yo siempre me sentí orgullosa de ser una persona racional, fría (qué mentira más grande fue esta), que mantiene su distancia, que se aleja del drama. Pues noticias, querida, actualmente estás sumergida en todo esto y mucho más. Cómo se dice en mi pueblo, "estás en un hoyo y cavando otro". Ay, qué pesado. Y bien que lo pude haber evitado, pude haberlo ignorado la primera vez que me invitó a salir y ahí habría quedado todo. Pero ahí voy...
Por otro lado, qué tal si no quiero haberlo evitado, qué tal si, a pesar del drama y la complicación, soy la persona más feliz por haber ido a tomar una pizza y una cerveza con él aquel día de junio? Qué tal si el drama no es tan malo como siempre he creído que es? Independientemente de lo que pase y del rumbo que tomen las vidas de ambos, de lo que estoy segura es que no voy a olvidar ese mes jamás. Tantas imágenes y palabras que están impresas en mi mente de forma indeleble y que así quiero que se queden. Y por más que esté de acuerdo con Mecano en el punto de no esperar milagros que no se pidieron, apelo a mi niña interna que creció con películas de Disney y conservo la esperanza (por más ínfima que sea), que, si en efecto resulto ser yo lo que quieres, te dejes de cosas, seas valiente y luches por mí. Que ya te lo he dicho, las cosas que de verdad valen la pena no vienen fácil y puede ser que esto que tenemos (llámalo como quieras), caiga como anillo al dedo en esa categoría. Pero eso es algo de lo que tienes que darte cuenta tú mismo, algo que yo no puedo forzar de ti. Por ahora, aquí seguiremos...
No te lo pienses demasiado, que la vida está esperando...
Es que en esta canción, Mecano habla con la puritita verdad.
Es sorprendente cómo te cambia la vida en tan poco tiempo. Me parece que no hay cosa más injusta que las mejores cosas de la vida duren tan poco, que se tenga que esperar tanto para encontrar cosas que verdaderamente valgan la pena. Pero en fin, creo que es su misma cualidad efímera lo que las hace tan valiosas y tan especiales, cual si fueran bienes de lujo.
Hace unos meses me encontraba en Argentina, aproximadamente 11,000 kilómetros de donde estoy ahora. Conocí a alguien que cambió mi vida y no lo digo en ese sentido cursi y cliché de algo que te duró 20 minutos y ya está. Fue mi primera relación para muchas cosas, pero lo más importante, la primera en la que de las dos partes, había un genuino respeto y cariño por todo lo que la otra persona es y quería ser. Una relación en la que ambas partes nos sentíamos con la libertad de ser 100% nosotros mismos y nunca sentimos el peso de esa cosa tan ridícula de "tener que cambiar por el otro". Nos bastaba eso para ser felices. Una relación natural, fluida, sin complicaciones, como siempre hubiera querido que fuera esto del amor. Bueno, lo de "no complicaciones", no es completamente cierto...
Disfrutamos de un mes verdaderamente maravilloso, que lamentablemente se fue demasiado rápido, dejándonos a los dos con ganas de mucho más. Mientras que terminó nuestra relación como pareja por acuerdo mutuo, decidimos continuar con la comunicación y un tipo de "amistad" (simplemente porque no se me ocurre una mejor palabra), a pesar de todos los factores en contra. La distancia, la diferencia de horarios (que estaban por aumentar considerablemente con mi mudanza a Francia) y sobretodo, la [pinche] incertidumbre de no saber cuándo [chingados] nos volveríamos a ver. Peor, si es que algún día nos volveríamos a ver. De esto, hace poco más de cinco meses y desde entonces, aquí estamos.
Últimamente, nos da por tener conversaciones de tres horas seguidas mínimo (sí, mínimo). Y justo ayer estábamos discutiendo sobre ese "algo" que nos hace querer seguir aquí. Ambos hemos pasado por muchas etapas a lo largo de los últimos meses. Me divertía mucho burlándome de él, porque, como buen argentino, adora el drama (a pesar de que lo niegue, jiji). Pero el karma, ni tardo ni perezoso, me devolvió todas esas burlas hace apenas una semana. Finalmente pude ponerme en sus zapatos y darme cuenta de lo que cuesta y lo que duele separarse de una persona por la que sientes tanto, sobretodo cuando las circunstancias van más allá de lo que cualquiera de los dos pudiera explicar. Duele darse cuenta (por métodos no muy ortodoxos, debo de confesar) que la otra persona está siguiendo con su vida, hasta cierto punto. Lo cual es totalmente irónico, pues yo insistí mucho sobre este punto cuando nuestra separación era inminente. Sobretodo que yo siempre me sentí orgullosa de ser una persona racional, fría (qué mentira más grande fue esta), que mantiene su distancia, que se aleja del drama. Pues noticias, querida, actualmente estás sumergida en todo esto y mucho más. Cómo se dice en mi pueblo, "estás en un hoyo y cavando otro". Ay, qué pesado. Y bien que lo pude haber evitado, pude haberlo ignorado la primera vez que me invitó a salir y ahí habría quedado todo. Pero ahí voy...
Por otro lado, qué tal si no quiero haberlo evitado, qué tal si, a pesar del drama y la complicación, soy la persona más feliz por haber ido a tomar una pizza y una cerveza con él aquel día de junio? Qué tal si el drama no es tan malo como siempre he creído que es? Independientemente de lo que pase y del rumbo que tomen las vidas de ambos, de lo que estoy segura es que no voy a olvidar ese mes jamás. Tantas imágenes y palabras que están impresas en mi mente de forma indeleble y que así quiero que se queden. Y por más que esté de acuerdo con Mecano en el punto de no esperar milagros que no se pidieron, apelo a mi niña interna que creció con películas de Disney y conservo la esperanza (por más ínfima que sea), que, si en efecto resulto ser yo lo que quieres, te dejes de cosas, seas valiente y luches por mí. Que ya te lo he dicho, las cosas que de verdad valen la pena no vienen fácil y puede ser que esto que tenemos (llámalo como quieras), caiga como anillo al dedo en esa categoría. Pero eso es algo de lo que tienes que darte cuenta tú mismo, algo que yo no puedo forzar de ti. Por ahora, aquí seguiremos...
No te lo pienses demasiado, que la vida está esperando...
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