martes, 15 de noviembre de 2011

El oso y el madroño.

Bien...cabe mencionar que, habiendo empezado este blog un poco tarde, mis entradas irán en desorden en cuanto a la cronología de los eventos que platico. Prometo aclarar conforme vaya publicando. Comienzo por lo ocurrido hace un par de días...

Pasé un fin de semana bastante curioso en la capital española. Visité a una amiga que tenía dos años de no ver, a la cual conocí cuando ella estuvo de intercambio en mi ciudad de origen. Fue un gustazo volverla a ver, pero me quedé impactada con el giro que había dado a su vida. La conocí como una chica muy alegre, a la que le encantaba salir con sus amigos, conocer gente y viajar. Sucede que ahora, el amor la ha hecho cambiar completamente de prioridades. Encuentro que es una chica de 22 años, pero que piensa como una persona bastante mayor. Lo mismo ocurre con el resto de sus amigos con los que conviví en el fin de semana. Cabe mencionar que todo el tiempo estuve rodeada de parejas, lo cual suele ser incómodo cuando *ajem* estás soltera (por cierto, el tema de mi vida amorosa es otro lío enorme, ya encontraré un momento para adentrar en eso). Un par de días siendo el mal tercio, el mal quinto o el mal séptimo (no sé si esté bien dicho) te deja pensando cantidad de cosas. Bueno, primero que nada debo de admitir que en ocasiones me daba mucha pena mi soltería (vamos, ¿a quién no le pasaría en situaciones semejantes?), pero por otro lado, te das cuenta del nivel de involucramiento que implica estar con una persona por una cantidad considerable de tiempo. Esto es un poco difícil de entender para una chica que su relación más duradera no ha pasado de los seis meses. He tenido fascinaciones con películas o series que han durado más (sin juzgar, por favor). Me impacta mucho ver cómo una persona sustituye todos sus singulares por plurales. Cómo en lugar de decir "pienso" y "quiero", dice, "pensamos", "queremos". ¿Se dará cuenta? Habrá que preguntarle. 
Ciertamente tiene que ser divino estar tan enamorada, pero creo que no es lo que quiero de momento...y mucho menos, lo que necesito. Vamos, que no estoy cerrada a la idea de estar en una relación (y debo admitir que extraño mucho la presencia de R), pero no sé si ahora soporte estar tan involucrada. Creo que es más de lo que se le puede pedir a mi cabeza...

En fin, me dejo de rollos románticos para pasar al lío que fue mi regreso. Debo de hacer público que hay dos cosas por las que siento un enorme desprecio: La línea aérea Ryanair y el banco BNP Paribas. Ah, se me acaba de ocurrir una tercera: ¿a quién fregados se le ocurrió que sería buena idea cerrar el baño público de la estación principal de Bruselas a las seis de la tarde, con el área llena de gente? Y también, ¿quién fue el genio que se le ocurrió convertir el ÚNICO baño abierto en estación de metro (con puertas transparentes automáticas y todo) y además cobrar cincuenta centavos de euro para ingresar? Como dirían los españoles...JO-DER!!!!

Después de: Un retraso de media hora en mi vuelo Madrid-Bruselas, dos cambios de itinerario de tren (hubo retrasos por todos lados en los trenes belgas el día de hoy), compartir el piso al lado de la puerta del tren con un ciclista de Gante, esperar quince minutos en el frío para tomar mi última conexión hacia Lille, caminar hasta Oz Pacha porque no tenía ganas de cocinar, solo para llegar a casa y darme cuenta que mi kebab tenía pollo en lugar de carne, salsa blanca en lugar de salsa picante y cebolla cruda (la cual detesto)...estaba en casa. Debo decirlo, nuevamente, TRIUNFÉ. Y más porque fue en ese momento que me di cuenta como las aventuras de cada viaje superan a las del interior, por lo que disponía de bastante material más o menos decente para retomar mis olvidados hábitos de escritura...

Y como siempre me gusta ver el lado amable, quiero mencionar que mi regreso de campeonato se hizo mucho más agradable con la compañía de una chica española (con un corte de cabello al estilo Joan Jett) y un chico venezolano que me trató con toda la caballerosidad que no me ha mostrado un sólo chico europeo. Cargó mi maleta hasta la estación, me acompañó a cambiar mi itinerario (la primera vez) y después, compartimos un café con leche y un muffin de chocolate. El chico estaba comenzando un periodo de cuatro años de su vida en Bruselas, investigando para su doctorado en Biología y tratando de aprender un poco de flamenco. La chica iba de paso rumbo a Alemania por un asunto de trabajo. Tuve una conversación muy interesante con ambos, fuimos un grupo de viaje bastante divertido. La chica había hecho su año de intercambio en París y me compartió lo enamorada que estaba de la ciudad. Si yo al final de mi intercambio siento la tercera parte de lo que ella, me sentiré más que afortunada. Como me gusta conocer gente así, en los lugares que menos te lo esperas. Es de las cosas que más me motiva a seguir viajando. 

Buenas vibras y Viva la Vida...




No hay comentarios:

Publicar un comentario